Ansiedad: cómo manejarla

¡Stop! ansiedad

¡Hola! La ansiedad es una emoción que me acompaña desde hace algunos años y he aprendido a manejarla con ayuda profesional y también con mis ganas de sentir el bienestar emocional, ese que yo llamo estar BIEN con mayúsculas.

tiempoEn la actualidad vuelvo a sentir algo de ansiedad por varias razones: se ha unido a ser madre trabajadora embarazada haciendo un máster, el que se va a acercando la fecha probable de parto (21 de marzo) y no tengo nada preparado del cuarto de la niña y que hay un asunto profesional que me azota desde 2016 y que se resolverá en 2017, cosa que ya sabía, pero en un arrebato de exceso de futuro, desde el 1 de enero de 2017, de manera totalmente absurda y psicológica, ha aparecido la ansiedad, porque estamos en 2017 y es en 2017 cuando se va a producir el desenlace de este conflicto profesional… La ansiedad está en nuestra mente y la mente es plástica y se puede cambiar, luego te cuento cómo lo hago yo 😉

Por mi forma de ser, algo impaciente cuando realizo una tarea esperando un resultado, tengo tendencia a la ansiedad de manera natural. De esto empecé a darme cuenta en la madurez, cuando ya había abandonado el hogar de mis padres y pasé a tener mi propio hogar. Es curioso, pero empezamos a conocernos de verdad cuando llevamos una vida independiente fuera de casa de nuestros padres. Por eso me gusta la idea de que los hijos estudien y trabajen para que se independicen y vivan por su cuenta antes de lanzarse a la vida en pareja. Viviendo uno por su cuenta es cuando se aprende a conocerse de verdad y empiezan a encajar las piezas del puzzle de tu verdadero “yo”, pero este es otro tema apasionante para otro día… 🙂

La ansiedad como enfermedad comenzó a manifestarse en mí hace unos 9 años cuando coincidieron en el tiempo mi infelicidad matrimonial (que acabó en divorcio) y una mala racha profesional en una empresa que se iba al garete y no nos pagaban el salario con regularidad. De repente, comencé a despertarme diariamente antes de mi hora con taquicardias, palpitaciones, sensación de ahogo, dolor de barriga, sudoración… y todas estas sensaciones sólo desaparecían cuando me levantaba de la cama. Nada más levantarme se me revolvía el estómago y tenía una diarrea y por ahí empezaron también mis problemas de colon al cabo de los años, pero este también es otro tema…

Después la ansiedad siguió presente en mi vida porque vino el divorcio, la pérdida del empleo, el desempleo, un empleo nuevo y criar en soledad a mi hija, sobre todo en lo económico, con todo lo que ello conlleva en cuanto a responsabilidad.

Para colmo de males, desde hace unos años empecé a darme cuenta de que en periodos de ansiedad, había días de mi ciclo menstrual (normalmente en la ovulación y en los días previos a la menstruación) que esa ansiedad, de repente y por arte de magia, (bueno, por arte de las hormonas, que también rigen todo nuestro organismo, incluyendo el cerebro) se exacerbaban de manera brutal convirtiendo esos días en una pesadilla, para mí y, en ocasiones, para mis seres queridos. Aquí tendríamos también una entrada apasionante con respecto al papel de las hormonas en nuestro estado de salud global unido a nuestro sistema digestivo, puesto que 2/3 de las hormonas que nuestro cerebro necesita se generan en los intestinos, de ahí la importancia de una alimentación sana, natural, verde y fresca para encontrarnos bien no sólo físicamente sino también emocionalmente (ya lo decían los antiguos, y qué poco caso les hacemos, mens sana in corpore sano). Es por esta razón por la que cuando estás nervioso o preocupado, te duele la barriga y no un pie.

Para combatir la ansiedad, en el pasado acudí a la medicación: ansiolíticos y antidepresivos. Pero no era la manera en la que yo quería poner remedio a aquella emoción entre otras cosas porque no me servía de nada. Los antidepresivos, que se toman durante largo plazo, me convertían en otra persona. Era como la versión que los demás querían de mí pero no cómo era yo misma. Y un efecto horrible para mí era la pérdida total de empatía y sensibilidad. Podía ver imágenes tremendas por las noticias sin inmutarme, algo que es totalmente incompatible con mi forma de ser: soy muy sensible y siento gran empatía por los problemas y sufrimientos ajenos.

Como estuve muy mal en cuanto a ansiedad y también depresión en algunos momentos de esos años, tomé los fármacos prescritos y completé los tratamientos pero con la idea clara de dejar de tomarlos algún día y así fue. En alguna ocasión los dejé de manera paulatina tal y como pautaba el médico y en otra ocasión los dejé de golpe y porrazo. En ambos casos la ansiedad volvió (no así la depresión) pero yo ya estaba en otros procesos de aprendizaje y curación.

Poco a poco fui haciendo un cambio radical, orientando mi vida hacia vivir cumpliendo lo que se conoce por los 5 pilares básicos de la salud: alimentación adecuada, descanso adecuado, ejercicio adecuado, pensamientos adecuados y espiritualidad adecuada. El bienestar que produce cuidarse por dentro y por fuera es el primer paso y es como una carrera de fondo, que cuando empiezas no la puedes dejar y sientes que estás en el camino de tu vida. Y si te sales un día del camino, no pasa nada, siempre puedes volver.

Hay una sola ansiedad, pero se manifiesta de varias formas:

  • Ansiedad matutina: la que da al despertar y suele ser la misma que le da a esas personas cuando se despiertan de la siesta, o simplemente, no pueden dormir siesta porque les causa mucha ansiedad.
  • Ansiedad de anticipación: la que da antes de un situación a la que tenemos que enfrentarnos (examen, cita profesional, hablar en público…)
  • Ansiedad generalizada: cuando el estado ansioso nos acompaña a lo largo del día interfiriendo en nuestro desempeño diario.
  • Crisis de ansiedad: cuando de repente nos vemos en un cuadro ansioso que se manifiesta físicamente de manera tan abrupta que terminamos en urgencias pensando que nos vamos a morir de un ataque al corazón.

En todos los casos, la ansiedad es una reacción desproporcionada al hecho que la ha producido. Es una sensación que normalmente viene después de un pensamiento (no puedo, no quiero, esto es mucho para mí…) sin ser conscientes la mayoría de las veces de ese pensamiento.

En esta entrada lo que quiero compartir son las dos herramientas que me recomendó el psicólogo para disminuir la ansiedad, tanto la frecuencia como la intensidad con la que las sentía y a mí me han funcionado. Hay muchas herramientas para combatir la ansiedad, a mí me dieron estas dos y me han funcionado muy bien:

  1. Reconocer la ansiedad: reconocer la ansiedad como algo tuyo, no ajeno a ti. Si separas la ansiedad de ti, estarás luchando contra ella y contra la ansiedad no se lucha. Esto vale para cualquier emoción positiva o negativa que tengamos: no se puede luchar contra nuestras emociones porque estaríamos luchando contra nosotros mismos y esto nunca acaba bien 😉 Una vez reconocida la ansiedad podemos hablar con ella pidiéndole que se manifieste todavía más fuerte… ¿Estás loca? No, te lo explico mejor, imagina que estás llorando desconsoladamente porque te ha pasado algo que te ha hecho llorar y alguien te dice “llora más fuerte”… ¿podrías? No, no podrías, de hecho probablemente dejarías de llorar. ¿Por qué? porque has tomado conciencia de tu emoción, la has reconocido, la has aceptado y no ha pasado nada. Eres tú, estás llorando pero te aceptas porque llorar no es malo. Aceptar la emoción, incluso la ansiedad, es el primer paso para que se disipe. Yo la acepto saludándola: “hola ansiedad, qué tal, cómo estás, sé que estás por aquí para decirme algo que de otra manera no escucho, eres como una señal de que algo va mal, buscaré lo que es, pero ahora te agradecería que te fueras porque me siento mejor sin ti, gracias”. Parece disparatado, pero funciona. Cuando vuelvo a despertarme con ansiedad, hago este monólogo en mi mente y la ansiedad se va esfumando poco a poco hasta desaparecer. Este monólogo vale para cualquier emoción negativa, nos ayuda a aceptar lo que nos pasa y en ese momento se inicia la transformación. Haz la prueba, no pierdes nada 😉
  2. Respirar: la respiración en momentos de ansiedad se hace superficial y agitada. Lo primero que debemos hacer es darnos cuenta de esto, sentarnos o detener lo que estamos haciendo si no nos podemos sentar y hacer cómo mínimo 10 respiraciones profundas y abdominales concentrándonos en lo que estamos haciendo: tomar el aire, retenerlo unos segundos y dejarlo salir, cómo pasa por las fosas nasales, está frío, hacemos ruido al respirar o no… Tomarnos un tiempo para respirar correcta y profundamente es un hábito que podemos adquirir para cualquier momento del día, no sólo para cuando estemos ansiosos. Nuestro estado de ánimo nos lo agradecerá.

Espero que te haya sido útil esta entrada tanto si padeces ansiedad como si conoces a alguien que la padezca, comparte con ella esta entrada. Cada uno debe buscar sus herramientas, te comparto las mías, las puedes poner en práctica y también seguir investigando otras distintas.

Si quieres leer un poco más te recomiendo la web y el canal de Youtube de Fabiola Cuevas, una psicóloga mexicana experta en ansiedad. En la web encontrarás artículos variados y en gran cantidad sobre la ansiedad. En su canal de Youtube hay unas conferencias estupendas sobre cómo se genera la ansiedad en nuestra mente.

Sea lo que sea, me encantaría conocer tus comentarios.

Gracias por leer hasta aquí 🙂

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