Yo también le di la vuelta a la tortilla

Gracias a la Asociación de Afectados por la Urticaria Crónica por hacer posible que haciendo lo que me gusta hacer (escribir-compartir), pueda contar una parte de mi vida en la que le di la vuelta a la tortilla y que esto sirva de ayuda para los pacientes de esta dolencia, dentro de la campaña #DaleLaVueltaaLaUrticaria.

chica

En enero de 2016 mi marido y yo teníamos decidido acudir a un tratamiento de fecundación in vitro, después de haber intentado ser padres durante todo 2015. Tengo en ese momento 42 años y una hija de 10 años de un matrimonio anterior. Realmente me encuentro muy triste porque veo la posibilidad de volver a ser madre muy lejos, más bien, no la veo.

Más o menos en los días que debía empezar con los pinchazos hormonales, amanezco una mañana sin visión en mi ojo derecho. Ahí comienza una suerte de pruebas médicas, sustos, disgustos e incluso miedo a morir durante los 3 meses siguientes. Cada prueba, cada análisis que me hacían daba síntomas de una enfermedad grave, pero nunca de manera concluyente. En la clínica de fertilidad, algo que nunca entenderé, no me recomendaban esperar, según ellos, era compatible iniciar el tratamiento con lo que estaba pasando. Desconocía por completo el mundo de la infertilidad, no tuve problemas para tener a mi hija mayor (tenía 31 años) y nunca pensé verme en esa situación. Y haber pasado por este tratamiento lo recuerdo con desagrado…

Al mismo tiempo, en mi vida profesional estaba viviendo los momentos más duros que se puedan imaginar. Asisto atónita a cómo, por razones todas ellas relacionadas con algunos de los pecados capitales (ira, envidia, avaricia, soberbia y pereza), la Dirección de mi empresa se jubila precipitadamente y no sintiéndome cómoda con el nuevo rumbo de la empresa y por lealtad a esa Dirección injustamente maltratada, me alineo con los buenos, sufriendo muchísimo estrés y angustia.

A principios de abril, se han descartado las enfermedades graves que apuntaban al principio, y tengo un diagnóstico no concluyente, pero más o menos hay consenso entre todos los profesionales que visité y no preciso medicación por el momento.

Llega el momento de iniciar el tratamiento de fertilidad. Lo hago con mucha ilusión, físicamente me encuentro bien aunque quizás muy delgada, aunque anímicamente no estoy bien. Ya he tomado la decisión de limitar mi sufrimiento profesional al horario laboral pero aún así no termino de recuperarme. Presento baja respuesta al tratamiento, me extraen pocos ovocitos maduros y sólo fecunda uno. Es implantado pero no progresa, muere.

Nos quedamos muy tristes. Yo caigo en una depresión, no como, no duermo ni quiero regresar al trabajo. Voy al médico y le pido pastillas, las que no puedo tomar más de 9 días porque yo no tenía depresión… ¡estaba de duelo! y eso no hay pastilla que lo cure. Prolongo la baja médica (mi primera baja médica en más de 20 años de trabajo) unas 5 semanas, mi hija mayor hace su primera comunión y vuelvo al trabajo.

La situación allí sigue siendo insoportable y sufro mucho viendo sufrir injustamente a quien menos lo merece. Pero me he visto tan cerca del fin en dos ocasiones tan cercanas en el tiempo (primero por los problemas de salud y luego por el fracaso del tratamiento) que poniendo mi foco en mi familia nuclear (mi hija mayor y mi marido) consigo vivir y disfrutar de la vida, aunque con un regusto amargo y triste todavía.

Volviendo al tema de ampliar la familia, decidimos (mi marido y yo) acudir a otra clínica de fertilidad después del verano, más o menos en septiembre, para pensar, descansar, disfrutar de las vacaciones… Estamos alrededor de mediados de mayo. Empieza el buen tiempo, voy a la playa, acompaño a mi hija en sus últimos exámenes, organizo las vacaciones y dejo de mirar tanto el calendario: me dedico a vivir.

En mi interior hay una vocecilla que me dice que todo va a salir bien y que volveré a ser madre, pero todo está tan reciente, las estadísticas no me son favorables… que intento no escucharla y se apodera de mí la sensación de que me he rendido. Psicológicamente lo que ha pasado es que he aceptado mi realidad, he hecho todo lo que he podido para que mi marido y yo seamos papás (él por primera vez), no lo hemos conseguido, tenemos un plan para después del verano así que me quedo en paz.

Me he metido en una especie de burbuja durante el horario laboral. Más que una burbuja es una coraza, tengo que ser fuerte y resistir y estar al lado de los buenos, por duro que sea. Y trabajo un poco más aislada del resto que de costumbre, tengo una becaria por una semana ayudándome con un tema pendiente, empieza el calor ya que estamos a principios de julio y tengo todos los síntomas de que me va a venir la regla. Y no estoy triste, estoy bien, porque tengo un plan, después del verano, retomamos nuestros planes de acudir a otro tratamiento, quizás en otra clínica.

Van pasando los días y los dolores previos a la regla aumentan de intensidad pero ésta no llega y pienso “mierda, a ver si el endocrino tenía razón y por mis problemas con el tiroides se me está adelantando la perimenopausia”. Lo hablamos en casa, que tengo que ir al endocrino cuanto antes pero lo primero que me va a preguntar es “¿estás embarazada?”, porque es por donde hay que empezar… Así que compro un test de embarazo en la farmacia, de bastante mal humor recordando todos los que me hice sin éxito en 2015. El día 16 de julio de 2016, el día de mi santo, sábado, un poco a regañadientes me hago el test de mala gana… y ahí estaba mi positivo, ahí estaba mi bebé… No lo podía creer, se lo tiré a mi marido que seguía durmiendo y rompí a llorar. De hecho tuve que repetírmelo un par de días después porque no lo podía creer. Y luego vino la primera ecografía, donde oímos su latido y aquí estamos 🙂

Si me lees por aquí verás que tengo una niña de casi 10 meses a la que me dedico en cuerpo y alma, a la que concebí dos meses antes de cumplir 43 años esquivando muchas estadísticas, después de un diagnóstico de infertilidad secundaria y después de haber pasado por una serie de problemas de salud meses atrás que me dejaron al borde del abismo… Yo creo que fue un milagro. O simplemente que tuve que pasar por todo aquello para estar hoy así. Quién sabe.

A ti que me lees y que a veces pierdes la esperanza porque vivir Afectado de Urticaria Crónica no debe ser nada fácil, me gustaría que entresacaras de mi historia lo siguiente:

  • No te rindas, aunque a veces luchar contra uno mismo no es la mejor opción. Se trata de aceptar la adversidad: no es rendirse ni resignarse. Si hay un contratiempo que no está en nuestras manos o ya hemos hecho todo lo posible por resolverlo, toca aceptar la situación. Con ello ganamos paz y sosiego para seguir buscando soluciones y alternativas.
  • Aunque sea o parezca “de locos”, no hay que perder la esperanza.
  • A veces la adversidad es una prueba que nos pone la vida para recompensarnos luego. A veces para estar en el momento oportuno en el lugar indicado es necesario haber pasado antes por un camino de obstáculos. En esos momentos no lo vemos, pero cuando se nos muestra la solución, lo vemos claro y meridiano.
  • Cuando te sientas muy desbordado por las circunstancias y aceptar no sea suficiente o sea complicado, simplemente ponte en manos de la vida (o de Dios si eres creyente), pide entender lo que está pasando y de alguna manera se te mostrará el camino o la solución.

En definitiva, tú también puedes #darle la vuelta a la urticaria. Cuentas con una asociación que te va a ayudar y lo más importante, te tienes a ti mismo con todas tus actitudes y aptitudes.

Mucho ánimo, con cariño, Mamá Economista 🙂

 

2 respuestas a “Yo también le di la vuelta a la tortilla

  1. No conocía esta historia Maru y me alegro que el desenlace sea tan bueno y que estés recuperada y con ganas de vivir y disfrutar de tus dos tesoros.
    Un beso muy fuerte!

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