Mi paraguas emocional

¡Hola! Por fin por aquí… y vengo a hablar de la necesidad de tener un paraguas emocional. Mi paraguas emocional es mi familia: mis hijas y mi marido. Ellos me dan la fuerza para seguir, y pensar en ellos cambia cualquier emoción hacia el lado positivo de la vida.

paz

No quiero hacer de esta publicación una retahíla de lamentos y enfermedades, pero tengo que explicarme. Las últimas semanas no he podido publicar, no he tenido fuerzas pero tampoco he tenido tiempo. Pero mi paraguas emocional se ha puesto en marcha y ya estoy decidida a seguir adelante y afrontar cualquier dificultad.

El término paraguas emocional no es mío. Me lo dijo un amigo, sacerdote, al que fui a visitar en 2016 tras haber vivido unos momentos muy duros en mi vida. Ahora con el tiempo y la distancia, no parecen tanto, es lo que pasa siempre… el tiempo lo cura todo.

Desde enero de 2016 he vivido lo siguiente, en orden cronológico: un golpe de estado en mi empresa que fulmina a la dirección de la empresa por ambiciones desmedidas, envidias enfermizas y total falta de valores; ese golpe de estado me coloca en mis sospechas -entonces- de que tendría que dejar el trabajo si no me despedían, como sucedió después de mi baja de maternidad; al mismo tiempo comencé con problemas de salud que durante dos meses me tuvieron en un sin vivir de pruebas y más pruebas que no fueron concluyentes de nada y me dejaron sin diagnóstico y llena de angustia; luego la fecundación in vitro que fue mal; su posterior duelo y depresión; el inesperado embarazo espontáneo de mi pequeña -sin duda un rayo de luz en aquel pozo de oscuridad-; su nacimiento y mi despido -la mejor salida que podía tener en aquellas circusntancias- después de la baja de maternidad.

Visité a mi amigo sacerdote y consejero espiritual después del duelo y depresión tras la pérdida del embarazo de la fecundación in vitro, y él me aconsejó, debido a mi extrema sensibilidad y empatía, contar con un paraguas emocional para sufrir menos. Se trata de tener una especie de escudo para vencer las dificultades, daños u obstáculos de la vida. Mi hija mayor, mi marido y luego mi hija pequeña se convirtieron en mi escudo sin saberlo ellos. Ellos me han ayudado a trabajar la paciencia, precisamente una virtud que no tengo. Bueno, no sólo ellos, todo lo que estoy viviendo es un aprendizaje y una lección de vida para trabajar la paciencia y la humildad.

Ya en 2018, al margen del desvelo que supone no tener trabajo y no saber que futuro profesional me espera por más que yo sea consciente de mis capacidades, por más positiva que yo sea y por más decidida que esté a trabajar por cuenta ajena o propia cuando llegue el mejor momento,  puedo decir que llevaba un tiempo más o menos tranquila.

Pero hace unas semanas mi frágil salud de hierro volvió a caer. Un problema ocular grave, la sombra de una operación arriesgada para deshacer otra operación de hace seis años, la posibilidad de que ese problema ocular sea un efecto de aquella operación o que haya una enfermedad autoinmune detrás sin diagnosticar, el terror a quedarme ciega… Es que… cuando has gozado siempre de buena salud, como es mi caso, que te pase esto cuando más te necesitan, es como un tsunami que arrolla todo tu interior, en el que te preguntas por qué ahora, y te das de con toda la cara de frente en que no somos inmortales…

Pues siendo hoy el diagnóstico mucho peor que en 2016, si es que tengo diagnóstico, porque de momento son todo sospechas, puedo decir que aparte de unos días muy angustiada, imaginando mi vida sin poder ver, estoy mucho mejor que entonces. ¿Cómo? Porque me acordé de las palabras de mi amigo, miré a mis hijas jugar felices, miré a mi marido llegar a casa contento de trabajar y me aferré a ellos, abrí mi paraguas  y blandí mi escudo. No hay nada como sentir que la vida se nos puede ir para empezar a disfrutar intensamente de cada momento. Como dijo creo que fue Steve Jobs, el mejor amigo de la vida es la muerte, cuando sabes que vas a morir, es cuando mejor vives…

Me quedan semanas o meses de visitas médicas, pruebas y toma de decisiones. Espero que sigas leyéndome y estés a mi lado. No sé si podré publicar semanalmente como antes, ya no lo veo necesario, pues este lugar es mi diario, me genera gastos y ni un solo ingreso.

Por último, si conoces algún buen oftalmólogo o conoces a alguien que se haya operado con lente intraocular y se las haya tenido que quitar (explantar) por complicaciones, por favor, que contacte conmigo y me cuente su experiencia. Hasta ahora, de la explantación de lente intraocular no leo más que cosas malas.

Muchas gracias por estar ahí 🙂 Seguiremos por aquí 🙂 Sí, seguiremos. Seguiremos.

2 respuestas a “Mi paraguas emocional

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