Vacaciones fuera de casa con bebé: 8 imprescindibles

¡Hola! Qué ganas tenía de pasar por aquí y compartir mis cosas contigo… Recientemente hemos estado pasando unos días de vacaciones en familia fuera de casa. Ha sido un destino cercano, accesible y cómodo para viajar con un bebé: hemos ido de Tenerife a la maravillosa isla de La Gomera. Viajar con bebés y con niños en general no es tarea fácil, para algunas persona resulta incluso estresante.

Para nosotros ha sido muy divertido, hemos disfrutado, descansado y lo hemos conseguido con unos sencillos imprescindibles:

  1. Que el ritmo lo marquen ellos, los niños: de verdad, dejando que los horarios sean los de los niños, todo fluye y el resto de puntos de esta lista sobra. Si atendemos los tiempos de sueño, descanso, juegos, mimos, aseo y alimentación, más o menos tal cual lo hacemos habitualmente en casa, no es nada difícil integrar a los niños en los viajes. No se puede pretender salir por la mañana y regresar a la tarde con un programa de actividades que no deja lugar a la siesta, al silencio, a comer tranquilos… Nos levantábamos cuando ella se despertaba, salíamos, volvíamos a comer al hotel o comíamos fuera pero siempre estábamos en el hotel para una siesta, hacíamos algo por la tarde cuando ella se despertaba e íbamos a cenar incluso antes de lo que solemos hacerlo en casa. Sobre las 10 pm como muy tarde ya estábamos durmiendo… Esta para mí es la clave del éxito para poder hacer cualquier actividad con un bebé o niños pequeños fuera de casa: que el ritmo lo marquen ellos y adaptarnos. No al revés.
  2. Su menaje: para no pasar apuros en los restaurantes y conscientes de que los bebés quieren (y además es bueno para ellos) comer solos sin ayuda, me resultó muy cómodo llevarle su plato, cuenco, cubiertos y vaso de plástico para todas las comidas. Así, si caía al suelo no se formaba el lío del siglo con vajillas hechas añicos. También llevaba un poco de lavavajillas, esponja y bayeta y lo fregaba yo misma en el baño después de cada comida.
  3. Muchos baberos: mejor que arriesgarnos a que ensucien los baberos a que se ensucien la ropa, ya que estamos dejando que coman solos y es inevitable que se ensucien. Además, ahorramos espacio en la maleta cargando con muchos baberos y menos ropa y siempre son más fáciles de enjuagar y tender hasta el día siguiente que la ropa.
  4. Pañales y toallitas: lo justo y un poco más. A los bebés les puede pasar lo mismo que a nosotros con los cambios de dieta y agua, que su ritmo intestinal cambie. Puede que hagan más deposiciones algo más sueltas o todo lo contrario, que aguanten unos días hasta que viene la sorpresa… a lo grande 😉 Estando de vacaciones puede que no sea muy fácil encontrar los mismos pañales que usa habitualmente, o que sean mucho más caros. No pasa nada, en cualquier farmacia se pueden encontrar pañales pero aún así, mi recomendación es que desde casa lleves pañales suficientes salvo que sepas que donde vas a estar de vacaciones puedes encontrarlos con facilidad. Lo mismo ocurre con las toallitas, a pesar de que el residuo que dejan en la piel no me gusta y siempre lo aclaro con agua tibia y jabón neutro, si un imprevisto te pilla en la calle, la mejor manera de retirar suciedad es con las toallitas húmedas. Llévalas siempre contigo. En la calle yo elimino el residuo de las toallitas con un spray de agua termal.
  5. Su toalla de baño y sus productos de aseo: en el lugar donde pasamos las vacaciones nos facilitaron una toalla de baño con capucha y jabón especial para bebés. Eran ambas cosas de buena calidad y el rizo de la toalla era suave. Yo no sabía que nos lo facilitarían, así que de casa llevaba su propia toalla de baño y sus productos de aseo: gel de baño que también es champú, crema hidratante, crema de pañal, colonia, peine, suero fisiológico en monodosis, gasas estériles y tijeritas para las uñas. Creo que es mejor hacerlo así y evitar una reacción alérgica por un producto nuevo. Por aquí te dejo una entrada sobre cosmética sostenible y cómo elegir los productos más adecuados para tu bebé.
  6. Protección solar: la mejor protección solar es la piel bronceada, pero esto es cada vez más peligroso conseguirlo sin arriesgarse a daños en la piel. La protección solar es algo que me tomo muy en serio después de ver cómo con los años, y debido a la memoria que tiene la piel, mi cara parece un mapa de manchas oscuras a pesar de que llevo muchos años cuidándome la piel de los efectos del sol. Pero no siempre fue así, de adolescente quería “moreno” a toda costa e hice alguna que otra burrada… y de aquellos polvos, estos lodos. Tanto de vacaciones fuera de casa como en la playa cerca de casa, nosotros solemos ir o antes de almorzar o por la tarde a partir de las 5 pm. A la pequeña le ponemos un traje de baño con protección solar con forma de mono corto, una gorra con visera y somos muy exigentes con el protector solar que utilizamos, con filtros físicos no químicos y sin partículas nano. Aquí puedes leer acerca de la mejor elección de un protector solar.
  7. Libros y juguetes: tanto para los trayectos en coche que a veces pueden ser largos y aburridos para los bebés, como para el barco o el avión, llevar encima unos cuantos juguetes y libros es una manera de ganar un buen rato de calma. Si los juguetes y los libros son nuevos y despiertan su interés, mucho mejor.
  8. Botiquín: nuestro bebé no tiene por qué ponerse malo en vacaciones, sobre todo si tenemos precauciones con la higiene de las manos, las comidas y el agua que bebe. Pero por si acaso, siempre mejor cargar con un par de cosas que salir a comprarlas no sabemos dónde en caso de urgencia. Yo únicamente llevé, y no utilicé por suerte, un termómetro, paracetamol y aceite esencial del árbol del té. El termométro lo llevo por si queremos salir de dudas ante una febrícula o fiebre, ya que a veces después de la exposición solar puede parecer que tengan décimas cuando solamente tienen la piel caliente como reacción al sol. El paracetamol lo llevo por si hubiera fiebre muy alta pues es lo que normalmente recomiendan. No se lo daría por mi cuenta, pero lo tendría a mano en caso de que se lo prescribiera el médico. El aceite esencial del árbol del té es un básico que llevo más como prevención que como remedio por sus estupendas cualidades anti-víricas y como repelente de insectos. Una o dos gotitas mezcladas en su crema corporal después del baño esporádicamente. En casa lo utilizo en el difusor de aceites esenciales y también lo aplico mezclado con la crema del cuerpo cuando se ha iniciado el resfriado. Soy una novata en aceites esenciales pero cada vez me gustan más y noto sus efectos positivos. Nunca sustituiría la visita al médico por aceites esenciales, eso que quede claro, pero huyo igualmente de la sobremedicación innecesaria. Por suerte el pediatra que le corresponde a mis hijas es de medicar lo justo.

Muchas gracias por leer hasta aquí. Si crees que me sobra o falta algún imprescindible para salir de vacaciones con bebés o niños muy pequeños, por favor, comparte 😉 estaré encantada de leerte. ¡Hasta la próxima!

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