La niña de 4 años

Mi pequeña tiene 4 años desde el pasado 28 de febrero. No lo publiqué en su momento por unas razones o por otras. Me ha venido bien el retraso porque con 4 años y dos meses, hemos pasado por algún hito de importancia.

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Imagen gratuita de http://www.freepik.es

 

Según una tabla antigua de desarrollo infantil que tengo por aquí, con cuatro años los niños pueden rondar entre los 92 cm y los 109 cm de altura y entre los 11 a 19 kg. Tienen los 20 dientes de leche, comen lo mismo y a las mismas horas que los adultos, duermen entre 10 y 12 horas por la noche y algunos siguen durmiendo siesta.

Pero los niños de 4 años son mucho más que esos datos generales. El otro día leí a un neuro-psicólogo y padre muy conocido que los cuatro años son peor que los dos años, a pesar de la mala fama que tienen los terribles dos: quieren hacerlo todo solos y se tarda el doble, ya no quieren comer cosas que antes le gustaban, eligen su ropa y a veces sales de casa con no se sabe qué, medio princesa medio futbolista, no paran de hablar…

De lo que llevamos vivido y aprendido hasta ahora, sin duda, estoy viviendo lo “peor” con mi pequeña desde que tiene más o menos 3 años y medio.

La hemos criado apoyando su autonomía, carácter y decisión. Esto es buenísimo para ellos y para todos… menos cuando tienes prisa. Da la casualidad de que por las mañanas siempre tenemos prisa y la verdad, el momento despertarse-asearse-cambiarse-desayunar para ir al colegio es una especie de piñata ya que nunca sé qué sorpresa me va a tocar. Hay días en que todo fluye, pero hay otros días en que la elección de la ropa, del peinado o la velocidad con la que toma el desayuno, suponen una prueba para mi paciencia.

De la comida, poco puedo decir porque desde los 6 meses en que comenzó a probar otros alimentos aparte de leche materna, siguiendo el “método” BLW, mi pequeña come muy bien, de todo, a la misma hora que nosotros y no necesito llevar a la calle potitos ni nada especial: come lo que hay. Eso no significa que no tenga sus gustos; los tiene. De hecho, está rechazando platos que antes le gustaban mucho como lentejas y guisantes. Le doy a elegir la merienda, le digo la fruta que tengo y ella elige la que quiere. Todavía toma lactancia materna únicamente para dormir y antes de salir hacia el colegio. Sé que puede resultar raro pero el destete natural puede llegar a partir de los 2,5 años y retrasarse hasta los 6 -7 años según algunos expertos en evolución. Yo creo que mi pequeña está en proceso de destete natural y no creo (espero) que llegue a tanto.

A los dos meses de cumplir dos años sucedió algo que llevaba tiempo deseando que pasara. Nos dijo que quería dormir en su cuarto, pero en una cama grande. De inmediato, donamos su camita pequeña, compramos una cama de 90 cm y una barrera lateral, y después de cuatro años y dos meses, nada más tener su cama preparada, se fue a dormir sola a su cuarto. Hasta la fecha, dormía con nosotros, y yo ya estaba molida: no paraba de moverse, de soñar, de reír dormida, me daba mucho calor… Qué maravilla ver cómo los niños eligen el momento de las cosas, cuando se saben preparados. Todo fluye, las cosas pasan sin lágrimas, de manera natural. Duerme toda la noche del tirón, y a veces me llama para que la lleve a hacer pipí y sigue durmiendo como si nada. Los fines de semana, suele despertarse antes que nosotros y viene a nuestra cama un ratito. Es una sensación genial.

A los 4 años ya están en su primer curso escolar, es un cambio enorme tanto si han ido a guardería como si no. Mi pequeña estaba feliz desde su primer día de colegio. Conocía el edificio y el entorno, pues es el mismo colegio de su hermana mayor y estaba acostumbrada a venir por las tardes y merendar en el patio. Lo único que merece un comentario de su primer año de colegio es que en el comedor ha mostrado su negativa a comer sopa (no le gusta) y se la han cambiado por lo que en Canarias llamamos potaje, es decir, un puré de verduras. También se ha quejado de que algunos niños le pegan y le gritan, cosa a la que no está acostumbrada, pero poco a poco ha ido aprendiendo que tiene que defenderse ella sola o decírselo a su profesora. Lo peor de lo que llevamos de curso son los piojos. A pesar de pasar la lendrera varias veces a la semana, ha tenido piojos que por desgracia hemos padecido toda la familia. De nada ha servido que lleve el pelo recogido, que le pongamos un repelente natural… Lo único que “funciona” es pasar la lendrera cada vez que le lavo el pelo… con esto lo único que se puede asegurar es pillar la infestación a tiempo. Otra cosa a destacar del colegio es la imitación de comportamientos no deseables: palabrotas, insultos, tirarse al suelo montando un drama ante una negativa… Ante esto, mucha paciencia, pero también determinación.

Cuando salimos con ella por ahí, no llevamos mucha cosa para distraerla. Como mucho papel y lápices de colores si prevemos que vamos a tardar, pero tanto en los restaurantes como en las salas de espera, se porta bien sin dar demasiada lata. Es tan sociable, que en cuanto ve niños jugando, aunque sean un poco mayores que ella, hace todo lo posible para acercarse e integrarse en sus juegos. Tiene tanta seguridad en sí misma que no se asusta en la consulta del médico o en cualquier situación en la que yo no pueda estar presente, como el otro día, que estaba el recinto lleno y tuvo que entrar ella sola a la revisión de cabeza (por los dichosos piojos).

En cuanto a la familia ya tiene perfectamente reconocidos a los miembros de la familia que visitamos, sus nombres, dónde viven y siente especial afecto y cariño por los mayores de la familia, por sus abuelitos. Su persona favorita sigue siendo su hermana mayor, con la que ya tiene algunos desencuentros. Le sigue su padre a quien llama “mi héroe” y “mi príncipe” y supongo que en último lugar estaré yo, que no me dedica piropos, pero me da abrazos espontáneos continuamente.

Cuando la miro y observo, me doy cuenta del cambio que está dando, de su crecimiento físico y también de su crecimiento intelectual, de sus razonamientos y me resulta inevitable compararla con su hermana a la misma edad porque, al menos en carácter, no tienen nada que ver. Siento nostalgia por una y por otra, pero en esto consiste la vida, en continuar adelante, pese a todo. Lo único constante es el cambio (Heráclito), qué gran verdad.

Muchas gracias por leer hasta aquí. Si te ha gustado la entrada, dale a me gusta o mejor aún, compártela. Estaría genial que te suscribieras, así recibirás cómodamente mis publicaciones en tu buzón.

La entrada “La niña de 4 años” se publica por primera vez en http://www.diariodeunamadreeconomista.com el día 9 de junio de 2021.

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