Semana 19 de embarazo

Nos acercamos al ecuador

bebé

¡Hola! Estoy en la semana 19, finalizando ya, así que pronto estaré en la mitad teórica del embarazo. Tengo la ecografía selectiva el día 8 de noviembre y a partir de ese momento comenzaré a arreglar el cuarto de mi bebé. No había empezado antes, por un lado, por los miedos típicos del principio y por otro lado, porque en esta ocasión siento que voy más a lo práctico y no me agobio con una lista inmensa de cosas que se supone que debes comprar cuando vas a tener un bebé. Por suerte, no me deshice de muchas cosas de mi hija mayor por nostalgia, no porque hubiera pensado volver a ser madre después de un divorcio y mucho menos de serlo a los 43 años. Entre lo que conservo de mi hija mayor, que me he vuelto muy práctica y que ya no me desconsuelo con “cositas” para el bebé, en esta ocasión no hay razón para agobiarse. Eso sí, mi cabeza organizadora lo tiene todo planificado hasta el último detalle. En eso no hay cambios 😉

Antes de hablar sobre cómo ha sido mi semana 19 de embarazo, donde el feto ya tiene 17 semanas de vida (algo más de 4 meses), mide aproximadamente 15 cm y pesa aproximadamente 240 g, me gustaría hablar sobre cómo fue la etapa anterior.

Desde que supe que estaba embarazada con un test de farmacia en mi casa hasta que empecé a encontrarme muy mal debieron pasar unos 7 días. O sea, que empecé a encontrarme mal con unas 5 semanas de embarazo desde el primer día de la última regla. Este malestar se prolongó hasta la semana 17 más o menos. ¿A qué me refiero con malestar?

Anímicamente me encontraba muy bien, feliz y animada pero a medida que los síntomas físicos fueron empeorando, mi estado de ánimo también se fue apagando un poquito. Los síntomas físicos que tuve -en el verano más caluroso que recuerdo- fueron:

  1. Cansancio extremo: a partir del mediodía me sentía agotadísima y cualquier tarea me costaba más tiempo de lo habitual.
  2. Hipotensión: soy de tensión normal tirando a baja; en esos días no pasaba de 100-60 llegando incluso a tenerla 90-50.
  3. Piel sensibilizada: el escote y la cara los tenía llenos de un sarpullido finito y rojo. En el escote me daba más o menos igual, pero en la cara me hacía un efecto de más enferma de lo que realmente estaba.
  4. Falta de apetito y ascos a la comida en general: me encanta cocinar, hornear y comer. De repente, no había alimento que me apeteciera. Ni uno.
  5. Náuseas y vómitos: he dejado para el final el tormento chino de las náuseas y vómitos. Hubo días que vomitaba hasta 7 veces, hubiera algo en el estómago o no. Las náuseas me acompañaban día y noche, de hecho me despertaban durante la madrugada. Probé de todo lo natural: pulseras antimareo con puntos de acupresión, jengibre, agua con limón, beber poco, chicles de menta y comer cada 3 horas para mantener el estómago “seco”… Nada funcionó, por lo que al final tuve que tomar medicación y es algo que me costó mucho hacer: por más que esté probado que son medicamentos seguros en el embarazo, a una lo que le gustaría es no tener que tomar nada. Me recetaron, por un lado, unas pastillas de Doxilamina con Piridoxina que me aliviaban algo las náuseas y los vómitos pero con un inconveniente: el sueño atroz que me producían. El ginecólogo me recetó 6 diarias y yo no tomaba más de 3, porque con sólo con 3 me iba cayendo de sueño todo el día. Para los días en que las pastillas no eran suficientes, tenía que tomar adicionalmente un jarabe de Metoclopramida, no más de 5 días seguidos y una cucharada diaria como máximo. Con esto los vómitos se reducían y a veces incluso desaparecían, y las náuseas disminuían bastante en duración e intensidad, pero no desaparecieron por completo.

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